PSORIASIS Y AUTOESTIMA

por el Dr. Jorge Ulnik

Las enfermedades no ocurren aisladamente, sino que se sitúan en un contexto dado por las características biológicas, psicológicas y sociales de cada paciente. Esto quiere decir que no hay dos psoriasis iguales, porque cada persona, según sus características individuales (trabajo, historia familiar, rasgos de personalidad, etc.) va a vivenciar la enfermedad de un modo diferente.
En algunos casos, los problemas de la vida obran como disparadores de un brote de psoriasis, y en otros, la aparición de la enfermedad es la que provoca, como consecuencia, una serie de problemas que se van expresar en el plano familiar y social. Trabajando en grupos con personas que padecen de psoriasis, hemos visto que a veces desde antes de aparecer la enfermedad, y otras veces después que esta se manifestó, hay conductas, fantasías y pensamientos que son indicadores de una baja auto estima.
El nivel de auto estima de una persona no se debe valorar solo por lo que aparenta, sino mas bien guiándose por el contexto en el que muestra su conducta o por la manera como habla de sí mismo, de los demás y de su enfermedad. A partir de aquí enumeraremos los que consideramos pueden ser indicadores de una baja auto estima. Luego, explicaremos en detalle cada uno de ellos, y por último, culminaremos esta comunicación con unas breves reflexiones finales.

¿Cuáles son los indicios mas legítimos de una baja auto estima en una persona con psoriasis?

  • El rechazo hacia sí mismo como reacción ante los demás.
  • El sentimiento de ser defectuoso o feo/a y la inclinación a ocultarse.
  • La dificultad para expresar agresividad.
  • El sentirse responsable de las dificultades de los demás.
  • La ausencia de actitudes o expectativas positivas.


Veamos detalladamente cada uno de estos elementos:
• El rechazo hacia sí mismo como reacción ante los demás.
¿Porqué la gente rechaza al enfermo de la piel?
Porque la gente se reconoce a sí misma en la imagen del que tiene enfrente, como sucede con los espejos. Cuando el que está enfrente es diferente, o muestra una imagen que no es semejante a lo que se espera encontrar, a lo más conocido, esa imagen es rechazada. En vez de provocar identificación, provoca impresión. Además, la piel es el órgano del cuerpo que contiene y separa al resto de los órganos, tanto del medio externo como de las demás personas.
Cuando la piel se enferma, es asociada inmediatamente con la posibilidad de contagio y su portador es evitado y segregado. Este hecho es irracional pero tiene raíces milenarias. La lepra, fue símbolo del contagio en distintas épocas y culturas , y sin embargo es una de las enfermedades infecciosas menos contagiosas que hay. La razón del temor a la enfermedad de la piel pasa más por su visibilidad antiestética que por su peligrosidad verdadera. Si bien la gente puede mostrar una actitud de rechazo, la sensación de rechazo puede ser anticipada por el propio paciente, y no ajustarse a la realidad. Es decir que por temor anticipado a la reacción de los demás, puede rechazarse a sí mismo.

• El sentimiento de ser defectuoso o feo/a y la inclinación a ocultarse.
Este sentimiento esta vinculado a la idea de suciedad con la que es asociada la psoriasis, y a la que médicos y pacientes contribuyen cuando usan la palabra limpiar para referirse al proceso de curar las lesiones.
La idiscriminación no se logra adecuadamente, corremos el riesgo de absorber como una esponja, hasta "inundarnos" de angustia. Nadie puede aportar soluciones para todo. Actitudes así favorecen el stress, y generan un malentendido: el que se conmueve por el otro y le quiere solucionar las cosas, es rechazado injustamentenclinación a ocultarse suele ser consecuencia de sentirse examinado, creer que todos están pendientes y sentirse el centro de las miradas. Dichas miradas aparecen por todas partes y son imaginadas como si fueran omnipotentes y críticas. Por supuesto, esta vivencia es más frecuente en quienes tienen lesiones en lugares expuestos y es mas difícil de observar en los que presentan lesiones ocultas. Sin embargo, aún en casos de psoriasis cuyas lesiones no se ven, pueden aparecer las mismas preocupaciones, pero localizadas en una parte del cuerpo (cuero cabelludo, por ejemplo), o circunscriptas a determinados momentos del día (como acostarse, desnudarse, bañarse, etc.) Otras enfermedades no despiertan los mismos sentimientos: ¿acaso existe algún cardíaco que tenga vergüenza de serlo? ¿hay alguien que se sienta culpable de tener un cáncer o una bronquitis asmática? Sin embargo, todos sentimos en lo más profundo de nuestro ser el sentimiento inconfesable de acumular experiencias en las que no obramos como lo hubiéramos deseado o pensamientos negativos o egoístas que creemos que los demás no tienen. Así como el corazón es un órgano asociado popularmente con los sentimientos, y el cáncer con la muerte, el estado ideal de la piel es considerado como un símbolo de la belleza o de la juventud. Por ello, a diferencia de las otras enfermedades, que a veces hasta dignifican a quienes las padecen, la psoriasis puede suscitar en algunas personas sentimientos de culpa o de vergüenza que los llevan a ocultarse. Los sentimientos de culpa están relacionados con la interpretación de la enfermedad como un castigo por aquellos actos y pensamientos negativos de los que hablábamos más arriba y la vergüenza por la enfermedad, es tanto mayor cuanto más importante resulta el ideal de integridad física y moral, perfección y belleza con el cual nos comparamos. La comparación transforma la enfermedad en un estigma. Un estigma es cualquier marca social o biológica que coloca a una persona afuera del conjunto de las demás y que genera descrédito y desconfianza, así como también ruptura de la interacción con los otros. (El stigma griego original era un instrumento puntiagudo usado para marcar o quemar produciendo marcas en la carne de las personas que iban a ser evitadas) Es a partir de esta experiencia, que las lesiones de la psoriasis son vividas por algunas personas como marcas o manchas que afectan su dignidad. Como una suerte de pena de mutilación estética. De hecho es raro escuchar que un paciente hable de lesiones. Casi todos se refieren a ellas como si se tratara de manchas o marcas.

• La dificultad para expresar agresividad
Algunos vuelcan su rabia hacia afuera y otros hacia adentro. La rabia hacia afuera puede estar dirigida hacia los médicos, por no encontrar la cura definitiva, o hacia la gente que puede hacer una vida más normal. Una manera de volcar la rabia hacia adentro es a través de lastimarse mediante el rascado o no permitirse determinados placeres. Así como determinados pacientes muy graves llegan a tener hasta ideas de suicidio, otros, sin darse cuenta, cometen "suicidios" fraccionados, "matando" partes de sí mismos:
- pasiones que se enfrían,  - hobbies que son abandonados, - oportunidades de éxito o de placer que son ignoradas.
En fin, jirones de la personalidad - que como las escamas - se van dejando en el camino. Hemos visto en muchas oportunidades que este castigo dirigido hacia sí mismos se disfraza bajo la apariencia de estar cumpliendo con prescripciones médicas o sugestiones del curador de turno, que afectan especialmente las áreas más placenteras de la vida: dietas demasiado estrictas que prohiben comer las cosas más ricas, inyecciones dolorosas conteniendo preparados de composición desconocida, y restricciones de la más diversa índole.

• El sentirse responsable de las dificultades de los demás
Esto sucede cuando los padecimientos de los demás son tratados como si fueran algo personal. Cabe aclarar que es normal, y hasta indica una sensibilidad social positiva, o un rasgo solidario de carácter, preocuparse y hacer cosas para aliviar el desamparo y las necesidades de los demás. Pero cuando decimos "como si fuera algo personal", nos referimos al hecho de sentir en carne propia el sufrimiento de los otros de un modo abrumador y avasallante, sin la discriminación necesaria . Cuando esta si fracasa y no siempre es reconocido en su esfuerzo, porque "nadie se lo pidió".

• La ausencia de actitudes o expectativas positiva
Es el caso de quienes tienden a adelantarse a los hechos y estar todo el tiempo "solucionando" un futuro imaginado siempre negativamente. Son los que se pelean por anticipado o se cubren antes de tiempo. El mismo problema, puede manifestarse con el siguiente pensamiento: "Si pienso en la enfermedad o veo alguien que la padece y está peor que yo, me voy a brotar igual que el otro". En las enfermedades en las cuales la ansiedad juega un rol tan importante, se genera un círculo vicioso: - ansiedad -enfermedad - ansiedad.
La ansiedad o temor por las recurrencias, desencadena exactamente lo más temido, es decir el rebrote de la enfermedad. Ésto refuerza la idea fantasiosa de una profecía auto-cumplida. Otra forma de manifestarse la ausencia de actitudes positivas, es con el sentimiento de desesperanza. La sensación de impotencia por cambiar el estado de los síntomas, hace que mucha gente extienda su sensación de desesperanza o impotencia hacia todos los desafíos que plantea la vida. Una historia cargada de fracasos terapéuticos incrementa estos sentimientos.
El auto-rechazo suele manifestarse a través de inhibiciones y restricciones en cualquier ámbito de la vida:

  • No presentarse a una entrevista para un nuevo trabajo por pensar que no lo van a tomar en ese estado.
  • No ir a la pileta en verano "para no molestar a los demás" o por temor a no ser aprobado en la revisación médica.
  • No dar la mano al saludar para que el otro no sienta la mano áspera.
  • No acariciar a los hijos o al cónyugue por la misma razón.
  • No ir a la playa, privándose de los efectos beneficiosos que el sol tiene para la enfermedad.
  • No ponerse pollera, o camisas de mangas cortas, o mallas, o shorts.
  • Temer conocer a alguien y ser rechazado/a en el momento de tener relaciones sexuales.
  • Evitar encuentros con amigos o conocidos de antes de la enfermedad para no tener que justificar el estado actual. Y tantos otros sentimientos y/o sensaciones.


Reflexiones Finales

Leyendo estas líneas, seguramente usted se habrá reconocido en algunas de las características que describimos y en otras no, pero en las que le interesan probablemente se pregunte:

¿Cómo hago para cambiarlas?
Empecemos por aclarar que las características que describimos no son necesariamente indicadores de anormalidad. Pueden ser reacciones normales, frente a una enfermedad como la psoriasis. No obstante, la pregunta sigue siendo válida.
Obviamente, las respuestas no van a ser las mismas para todos. Algunos tendrán que empezar por reconocer que la enfermedad tiene una estrecha relación con su vida y comprender qué cosas les están pasando, qué sentimientos han reprimido y qué dolor es tan insoportable que los hace enfermar o brotarse. En cambio, otros tendrán que aprender a diferenciar que una cosa es la psoriasis y otra cosa es el resto de la vida. De este modo aprenderán a no incluir la enfermedad en todos sus pensamientos y a no privarse de gratificaciones deseadas y necesarias para sentirse mejor.
Es importante que todos los actos cotidianos no estén teñidos de psoriasis, y que mirarse al espejo, bañarse, cambiarse, dar la mano, acariciar y ser acariciado/a no tengan como única meta constatar en qué estado está la enfermedad. Por otra parte, la afirmación de que la psoriasis es una enfermedad incurable, debe ser una afirmación totalmente relativa, dado que habría que discutir muy bien qué entendemos por cura. Una persona que no presenta mas brotes, cuya psoriasis ya no le trae ningún inconveniente en la vida y que ha encontrado el tratamiento que le resulta más cómodo y efectivo, podría considerarse curada. Cuanto más aprenda usted a comprender sus "gatillos" emocionales, mayor control va a ganar sobre ellos. No es bueno provocarse una dosis extra de sufrimiento.

El primer paso para disminuir su sufrimiento es conocer porqué está sufriendo.
Conociendo sus conflictos, necesidades o temores, es decir, conociendo la vida emocional de su piel, habrá dado el primer paso para controlar los factores psicológicos que pueden agravar o desencadenar su enfermedad, aunque ésta tenga causas orgánicas.

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